lunes, 29 de octubre de 2007

La táctica del avestruz

Esconder la cabeza para no ver un problema puede ser interpretado de distintas formas. Muchas personas piensan que si una situación negativa concreta no les afecta, es mejor no involucrarse. Otras, aún afectándoles, tratan de adaptarse y minimizar las consecuencias que les atañen. En ambos casos, son fieles adeptos de la táctica del avestruz, es decir, esconden la cabeza para no ver. Y ya saben eso de que ojos que no ven, corazón que no siente. Para mí, este comportamiento sólo denota miedo o egoísmo.

Si tiene miedo, es porque esa persona no se ve capacitada para resolver la situación, lo que le genera dudas y provoca que no actúe. Si es egoísmo, esa persona sólo piensa en sí misma y descuida a los demás.

El primer caso es perdonable pero no así el segundo. Sin embargo, los dos son reprochables, tanto en cuanto, somos seres que vivimos en sociedad y tenemos una serie de obligaciones para con ella. Esto es, todos nosotros debemos ayudar al prójimo a solucionar sus conflictos.

A pesar de ser un firme defensor del individualismo, no podemos olvidar que, además de derechos y obligaciones individuales, también los tenemos colectivos. Hoy en día, debido al crecimiento de nuestras ciudades y a los nuevos hábitos sociales, se han perdido los vínculos emocionales entre los miembros de la sociedad. Esto ha hecho que no nos sintamos obligados a ayudar a otras personas a las que no conocemos de nada. Pero es todo lo contrario, ya sea por creencias religiosas o por imperativo legal, estamos en la obligación de socorrer a quien lo necesite.

Porque mañana te podría suceder a ti y desearías tener cerca a alguien que te eche una mano.

4 comentarios:

Araña Azul dijo...

Me parece muy interesante la reflexión que haces; no obstante, quisiera profundizar en algunos puntos, sin ánimo de restar valor a tus juicios, con los que yo también estoy de acuerdo. De hecho, no creo que nadie pueda estar en contra de lo que planteas, ya que hoy día esa obligación cristiana de ayudar al prójimo resulta incuestionable. Pero no deja de parecerme un tópico bastante resultón, pues las cosas no son siempre tan sencillas, no son blancas o negras, sino que dependen del cristal con que se miren.
Así, me gustaría hacer un par de matizaciones. En primer lugar, cabe preguntarse por eso que tú llamas «situación negativa». Creo entender a qué te refieres, pero aún así se podría reflexionar sobre ello:
¿Por qué es negativa?
¿Para quién es negativa?
Son cuestiones relativas, pues dependen del punto de vista humano. Son, por lo tanto, subjetivas. Pensemos por ejemplo en los fenómenos meteorológicos; no son buenos ni malos. Eso dependerá de si reportan beneficios o no (el viento será malo si arranca los árboles de cuajo, aunque sin duda es bueno para las compañías eólicas).
Pero, incluso en el caso de que toda la comunidad esté de acuerdo en catalogar un hecho de «negativo» para sus intereses comunes, ¿qué actitud hay que tomar ante él?, ¿cómo debemos obrar?
Hay ocasiones en las que no se cuenta con las armas necesarias para actuar de forma inmediata, lo que nos hace sentirnos impotentes. Por lo general la impotencia provoca rabia, y si ésta se vuelve incontrolada puede hacer que nos arrojemos de bruces contra un gigante de acero, lo que, además de inútil, resulta un verdadero suicidio. Y, lo que es más importante, el fin no siempre justifica los medios.
En segundo lugar, no creo que el egoísmo sea la causa de una actitud pasiva y estática. Al contrario, considero que es precisamente el egoísmo lo que nos hace movernos, es sin duda el principal motor del mundo. Pensemos, por ejemplo, en el amor, considerado quizás el más desinteresado de los sentimientos. Pues bien, incluso amar responde a una actitud egoísta, ya que nos brinda placer y satisfacción. De manera que no veo por qué debemos considerar el egoísmo como algo negativo.
Otro ejemplo: ¿por qué nos echamos todos a la calle cuando nuestro equipo gana la liga, pero nos cuesta tanto hacerlo cuando se comete una injusticia? La respuesta es simple; en el primer caso salimos a celebrar una victoria, nos sentimos orgullosos y disfrutamos de un triunfo del que nos sentimos partícipes de algún modo. En el segundo, no encontramos la más mínima satisfacción, el hecho de manifestarnos no nos aporta ningún placer inmediato; más aún, puede que ni siguiera nos lo produzca a largo plazo si nunca se produce la victoria, si nunca vemos erradicada esa injusticia.
De modo que nuestro egoísmo nos lleva a buscar el placer inmediato, nos hace correr en ayuda del indefenso —incluso cuando esto pueda costarnos la vida— y nos sentimos unos héroes, a pesar de que nuestra acción no sirva para cambiar en un ápice esa situación de injusticia. No obstante, eso no nos importa, lo verdaderamente significativo es que no nos tacharán de cobardes y podemos sentirnos orgullosos de nuestra valentía. Todo eso está muy bien pero, ¿qué hacemos sin embargo contra aquellas injusticias que no se cruzan en nuestro camino, pero que están ahí, conviviendo diariamente con nosotros?
Ojalá fuésemos más egoístas, ojalá sintiéramos más gozo con nuestras acciones, por muy insignificantes que sean.
Está claro que solos no podemos hacer la revolución, para eso es necesario que unamos nuestras fuerzas. Seamos, entonces, más egoístas y busquemos el modo de aportar nuestro granito de arena; descubramos cuáles son nuestras mejores armas, sin dejarnos engañar por aquellas que producen resultados inmediatos, sino que optemos por las que verdaderamente pueden llegar a erradicar el problema, aunque eso suponga un proceso lento y doloroso.
Y por todo esto te felicito, Isaac, porque tú has encontrado tu propia arma; un arma, quizás, de las más potentes: la escritura. Como decía Ryszard Kapuscinski, «la mejor manera de ayudar a los desfavorecidos es escribir sobre ellos».

Anónimo dijo...

La táctica del avestruz es muy común en nuestros días...siempre es mas cómodo esconder la cabeza que reaccionar ante algo que es una injusticia o una desgracia para otros,esa es la clave, claro si lo fuera para nosotros reaccionariamos de inmediato y sin pensarlo. Estoy de acuerdo en que todo depende del cristal con que se mire,sin embargo..hoy vemos como en hechos que, a todas luces, son dramaticos...la pasividad del entorno permite que se cometan las atrocidades mas grandes..en casos de violencia inrafamiliar..la violencia contra la mujer..el abuso de menores..son algunos ejemplos..creo que si somos seres sociables de vivir en comunidad tenemos que reaccionar ante esto...si desde ya comenzamos a preocuparnos del prójimo..de lo que puede pasarle a tus congéneres y levantamos la voz para denunciar lo que nos parece mal..veremos que no estamos solos y, asi como nosotros, hay muchas otras voces que se levantan y asi, dejaremos de ser como las avestruces..por que, tienes razón, mañana podría pasarme a mi.

Anónimo dijo...

Me parece que tienes mucha razon en lo expuesto anteriormente, ya que lamentablemente en el mundo entero existen muchas injusticias,por no saber, o mejor dicho no querer aceptar y reconocer nuestros errores. ya que es mas facil dejar que pase, sin pensar o darnos cuenta a quien perjudicamos, a quien le hacemos daño.... y es muy triste sabes, porque no es justo que las demas personas paguen por un error cometido por otra persona es por ello que me uno a tu reflexion, para que todas aquellas personas que visiten tu blog, lean y analicen detenidamente lo importante y ecencial que es esto para nuestras vidas, no le hagamos daño a la gente al contrario tratemos de ayudarlos en lo que podamos, recordemos que Dios dijo ama a tu projimo como a ti mismo, hazlo para que veas la sactifaccion tan grande que sentiras.Con mucho cariño Jenniffer Reyes

Kang dijo...

ya llevaba tiempo queriendo leer ke cojones escribías..., y me uno a tu ignorancia.
Ese "egoísmo" es sólo tolerable en el ámbito privado, el ámbito público es donde debemos ser ciudadanos y aportar en pro, y no en contra, de la sociedad (con lo que cada uno pueda)_(como los griegos vaya!).

un besito wapo.

kang.